Como nos informa la clínica dental La Chicuela, en Cáceres, alrededor de un 31% de los niños menores de 6 años padecen caries en una o varias piezas dentales. Sin duda es la afección dental más habitual en la infancia. Una enfermedad que requiere una atención especial para eliminar el dolor en la boca del niño, evitar que se propague y no afecte a los dientes que están por salir.

La caries está presente a lo largo de casi toda nuestra vida. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) entre un 60 y un 90% de los escolares la padecen en algún momento, y casi un 100% de la población adulta la sufre o la ha sufrido. Poco tienen que ver los genes en su contención. Esta afección se da en todo el globo terráqueo y afecta a todos los grupos poblacionales. Una buena saliva y en una buena cantidad puede proteger la boca a un nivel, ya que facilita un medio húmedo para las funciones masticatoria y deglutoria, barre las bacterias que contienen los alimentos y equilibra el pH.

Como explicó a la Agencia EFE el doctor Iván Malagón, especialista en ortodoncia y ortopedia maxilomandibular, la caries es una enfermedad contagiosa. Gestos tales como probar la comida de nuestros hijos con la misma cuchara con la que van a comer ellos o limpiar con la saliva el chupete, la pueden transmitir. No es una reacción inmediata. Necesita de un caldo de cultivo generado por acciones como la ingesta de azúcar para propagarse. La saliva del padre o la madre infectada de caries se transmite al niño pequeño que no tiene anticuerpos con que combatirlo. En ese sentido, el niño está virgen. No tiene una colonización bacteriana previa. La infección puede reactivarse con la emergencia de las piezas dentales, aunque sean de leche.

La caries no es un mal inevitable que no hay más remedio que sufrir. Más bien es una alerta, que está ahí y que debemos prevenir y combatir cuando surge.

¿Cómo aparece?

La caries es fruto de un proceso continuado. En un primer momento, se forma la placa bacteriana, una película pegajosa que recubre la dentadura. Los almidones y azúcares que contienen los alimentos quedan depositados entre los dientes. Las bacterias saprófitas se alimentan de ellos y conforman la placa. Estas bacterias se llaman así porque se nutren de los desechos del organismo. La placa puede endurecerse por debajo de la línea de las encías y por encima formando el sarro. Una costra que protege a las bacterias, hacen más difícil su eliminación y potencian su acción devastadora. Un buen cepillado habitual ayuda a eliminar tanto la placa, como los restos de azúcar.

Los ácidos de la placa atacan los minerales que conforman el esmalte de los dientes. Producen diminutos orificios por los que traspasan la capa externa hasta llegar a la interna, la dentina. Una capa más blanda y menos resistente a los ácidos. Una vez, los ácidos llegan allí, van escavando un agujero hacia el interior del diente.

A medida que se forma la caries, si no se erradica a tiempo, las bacterias continúan su marcha hasta llegar a la parte blanda del interior, la pulpa, la que contiene las terminaciones nerviosas y los vasos sanguíneos. Las bacterias atacan los nervios y la sangre envía glóbulos blancos para combatirlas. Es cuando aparece el dolor y la inflamación. La caries puede llegar hasta la raíz del diente e incluso afectar a la estructura ósea.

La caries suele aparecer en las piezas dentales posteriores. Los molares y premolares. Piezas que tienen más recovecos en los que se pueden instalar los azúcares y restos de comida, y donde la limpieza es más complicada.

La caries se extiende por la boca de una pieza a la colindante, es normal que aparezcan varios dientes afectados de caries a distinto nivel de desarrollo. Rehabilitar las piezas dañadas, incluso las de un niño, evita complicaciones en la erupción de la dentadura permanente. La pérdida prematura de dientes de leche ocasionada por la caries provoca movimientos en las piezas adyacentes que pueden causar malposiciones en el futuro.

Según los expertos, la caries tiene una mayor incidencia en niños pequeños, adolescentes y personas mayores. Aunque cualquier persona con dientes puede sufrir caries. La aparición de caries en los niños no tiene una relación mecánica con la ingestión de chuches, aunque no es un alimento recomendable. Todas las leches y zumos, incluso las de primera infancia, tienen azúcares. El esmalte de los dientes de los niños pequeños es más débil y, por tanto, más fácil de erosionar por parte de la placa bacteriana. 

¿Cómo se trata?

La caries es un proceso continuo e irreversible. No se puede frenar, cuando actúa hay que eliminarla. El diente tiene tres tejidos. Uno exterior que es el esmalte, otro intermedio que es la dentina, y la parte blanda central que es la pulpa. El dentista localiza la caries en un diente. Se suele apreciar por una mancha marrón. Si se trabaja sobre una caries que está en el esmalte, no es doloroso, ya que el esmalte no tiene terminaciones nerviosas. Cuanto más superficial sea la caries, más fácil es de eliminar. De todas maneras, esta intervención se realiza siempre con anestesia local.

El dentista elimina la caries mediante micro-fresas, que raspan la superficie dañada y la dejan limpia. A continuación se procede a la obturación; es decir, recomponer el diente y cubrir el agujero mediante una resina compuesta. El tejido queda sellado y se evita con ello que la placa actúe sobre él.

Si la caries ha llegado hasta la pulpa es necesario proceder a la endodoncia. Como indican en la web de IFEMA, es necesario extirpar la parte de la pulpa dañada y sustituir la cavidad con un material inerte. Con ello no solo se sellan los conductos nerviosos, sino que se consigue conservar la pieza dental.

En niños con dientes de leche se practica la pulpectomía, un procedimiento similar a la endodoncia para adultos, en la que se extirpa toda la pulpa. Se recubre la zona con materiales reabsorbibles que no obstruyan la erupción de los dientes permanentes y se rehabilita el diente con una corona provisional.

La pulpectomía se aplica en casos de sensibilidad dental extrema ante alimentos fríos y calientes, inflamación de la zona próxima al diente y dolor intenso al masticar, y en el caso de decoloraciones dentales.

En caries muy severas, que han llegado hasta la raíz, no hay más remedio que extraer el diente afectado. Así se logrará que la caries no se propague al diente definitivo.

Siempre es recomendable preservar la dentadura original, aunque sean dientes de leche, para evitar problemas en la sustitución de la dentadura.

Prevenir la caries.

Una de las medidas clave para evitar la caries es la visita al dentista. Es recomendable que el niño acuda por primera vez a la clínica dental entre los 12 y los 18 meses de vida. El odontopediatra se cerciorará de que no hay ninguna caries y de que la dentadura se está formando correctamente. A veces en los bebes se forman caries por el consumo de leche y zumo por medio de biberones. Esta actúa sobre los dientes que están surgiendo. A los 3 años de edad, es la fecha indicada para realizar una segunda revisión. El odontopediatra, según vea el estado de salud de la boca del niño, marcará un ritmo de visitas. En esta edad, gran parte de la salud dental tiene una función preventiva.

La segunda medida clave es la higiene dental. Hay que enseñar a los niños desde pequeños a limpiarse bien los dientes, y a que lo hagan al menos una vez al día. Antes de acostarse.

La tercera medida es reducir el consumo de bebidas azucaradas y alimentos saturados en azúcar, como golosinas, caramelos o bollería industrial.

La caries es un riesgo para los niños que está ahí, pero llevando un seguimiento de la salud dental se puede minimizar y evitar.

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