Ser celíaco no es divertido. Muchos lo son y no lo saben; otros lo saben desde pequeños y otros lo averiguan a lo largo de su vida. En cualquiera de los casos, se descubre a base de pasarlo mal sin saber por qué. La celiaquía o enfermedad celíaca es una enfermedad global que afecta a un uno por ciento de la población, según los datos de la Organización Mundial de la Salud. Esta condición se produce en las personas que son susceptibles a nivel genético y desarrollan una respuesta inmune desencadenada a consecuencia de la ingestión de gluten.
Cada vez que la persona afectada por la celiaquía consume algún alimento rico en gluten, su sistema inmune ataca por error al intestino delgado. Debido a este ataque, el intestino se va dañando hasta que deja de absorber como es debido los nutrientes, vitaminas y minerales de los alimentos, lo que con el tiempo puede conllevar problemas de salud bastante serios.
Se trata de una enfermedad crónica inmunomediada, lo que quiere decir que el organismo produce una respuesta inflamatoria anormal que se desencadena por un antígeno extraño, y una enteropatía del intestino delgado que se produce en personas genéticamente susceptibles que se exponen al gluten. Es decir, la enfermedad celíaca o celiaquía se produce por la ingesta del gluten, presente en cereales como el trigo, el centeno, la cebada y sus derivados.
Al ingerir estos alimentos, se produce una estimulación que produce anticuerpos por parte del sistema inmunológico que dan como resultado lesiones en la mucosa del intestino delgado, atrofia en las vellosidades, hiperplasia de las criptas y linfocitosis intraepitelial. Cada vez se comprenden mejor los mecanismos que producen esta reacción, por lo que se conoce mejor la enfermedad.
El intestino delgado se encuentra revestido por vellosidades que favorecen la absorción de los nutrientes. Estas vellosidades tienen como base la lámina propia, que se compone de vasos sanguíneos y linfáticos, encargados de recibir los nutrientes mediante el proceso de digestión. Por lo que en las personas que padecen esta predisposición genética para la celiaquía, el gluten activa los mecanismos inmunológicos e inflamatorios que conllevan la atrofia de estas vellosidades, creando una mucosa lesionada y una disminución de la superficie de absorción de nutrientes.
El origen de la enfermedad
Básicamente, la enfermedad celíaca se produce a consecuencia de la incapacidad de las enzimas gastrointestinales para digerir las proteínas del gluten, lo que implica un proceso de inflamación intestinal y su consiguiente mala absorción de nutrientes. Algo que saben muy bien en Rincón del Segura como panadería artesanal ecológica y especializada, entre otros, en productos sin gluten.
Esta incapacidad digestiva se produce debido al alto contenido de un aminoácido, como es la prolina, en el gluten, lo que origina oligopéptidos reconocidos por el sistema inmune, en particular por los linfocitos T, encargados de producir respuestas inmunitarias en los pacientes que padecen de celiaquía, generando el aumento de la permeabilidad intestinal y sus síntomas asociados.
Los péptidos en cuestión sirven como sustrato para la enzima endógena TG2, un autoantígeno que se asocia con la enfermedad, que cataliza su desaminación, convirtiendo los residuos de glutamina en ácido glutámico.
Con la desaminación se produce un aumento en la afinidad de unión del péptido del gluten a los heterodímeros, proteínas que se componen de dos subunidades diferentes, del complejo de histocompatibilidad humano que predispone a la enfermedad celíaca.
De manera que aquellas personas que tienen susceptibilidad genética, al exponerse al gluten, aumentan de forma considerable la posibilidad de desarrollar la enfermedad, aunque también pueden influir algunos factores inmunológicos y ambientales en su aparición.
Para comprender esto es necesario saber qué es el gluten. Esta proteína es una mezcla compleja de muchas proteínas que se relacionan con secuencias de aminoácidos similares. Se trata del principal componente proteico del trigo, sobre un setenta por ciento, siendo un componente estructural muy importante en el cereal. El gluten es la sustancia resultante cuando se lava la harina de trigo para eliminar el almidón.
El gluten y sus contrapartes son proteínas ricas en la citada prolina y glutamina, y su alto contenido en la primera lo hace muy resistente a la digestión. Debido a sus propiedades viscoelásticas, es esencial en la transformación de la masa, por lo que se trata de un ingrediente de gran importancia y presencia dentro de la industria alimentaria.
Existen dos formas de detectar la celiaquía: el test para despejar toda duda y prestar atención a los síntomas digestivos y no digestivos relacionados. El test consiste en realizar un análisis de sangre en el que se buscan determinados anticuerpos. Es importante no llevar a cabo ninguna dieta sin gluten antes de que se confirme la celiaquía con este test, para evitar un resultado alterado.
En el segundo caso, cuando se padece celiaquía, se pueden presentar síntomas digestivos como dolor abdominal, indigestión, disminución del apetito, estreñimiento o diarrea, náuseas y vómitos, heces malolientes y pérdida de peso.
Los síntomas no digestivos pueden presentar entumecimiento u hormigueo en las extremidades, pérdida de pelo, depresión o ansiedad, fatiga, úlceras bucales, sangrado nasal, ausencia del periodo menstrual en mujeres, etc. Lo que responde a una absorción de los nutrientes ineficiente.
Síntomas y tratamiento
Esta enfermedad puede presentar síntomas desde la infancia o ya en la edad adulta. Una minoría de los afectados por la celiaquía puede resultar en apariencia asintomática. Los síntomas que presenta esta enfermedad son variados y se clasifican como clásicos o gastrointestinales y no clásicos o extraintestinales, que difieren en gravedad en función del grado de afectación intestinal que se padezca.
Dentro de los síntomas gastrointestinales más comunes, nos encontramos:
- Diarrea
- Dolor abdominal
- Constipación
- Flatulencia
- Falta de apetito
- Pérdida de peso
- Esteatorrea (grasa en las heces)
- Distensión abdominal
- Retraso en el crecimiento
En cuanto a los síntomas extraintestinales o no clásicos, más prevalentes en los adultos y en el cincuenta por ciento de los casos, los síntomas pueden ser:
- Anemia
- Osteoporosis
- Deficiencia de vitaminas
- Alteraciones del estado psicológico como ansiedad y depresión
- Alteraciones hepáticas que pueden variar desde leve elevación de las enzimas hepáticas hasta cirrosis
- Alteraciones endocrinas como baja estatura y diabetes tipo 1
- Manifestaciones dermatológicas como la dermatitis herpetiforme
- Manifestaciones neurológicas como dolor de cabeza, neuropatía, ataxia cerebelosa y encefalopatía por gluten
La variabilidad de los síntomas puede influir notablemente en el tiempo de diagnóstico de la enfermedad. El tiempo medio en adultos es de entre dos y tres meses cuando padecen síntomas gastrointestinales, en comparación con hasta cuarenta meses en las personas que no padecen síntomas gastrointestinales clásicos.
Existen muchas dudas sobre las posibles causas de la celiaquía, entre las que se encuentran sospechas sobre su carácter hereditario. Esto se debe en gran medida a que las personas que tienen parientes que padecen celiaquía tienen un mayor riesgo de padecer esta enfermedad. Por lo que se pueden realizar pruebas genéticas con las que valorar si existe mayor riesgo de padecer celiaquía.
A la hora de hablar del tratamiento de la celiaquía, hay que tener muy claro que no tiene cura. Pero se puede llevar a cabo una serie de pautas y consejos con los que es posible evitar que los daños sean cada vez mayores y aumenten los problemas de salud. La dieta celíaca es el tratamiento principal y consiste en llevar una dieta totalmente libre de gluten, por lo que hay que saber muy bien la composición de los alimentos que se consumen y comprobar que no incluyen entre sus ingredientes trigo, centeno, cebada o avena. Aunque puede parecer difícil, con el apoyo necesario es posible adaptarse a la dieta y a la nueva circunstancia.
Dentro de los tipos de celiaquía que se pueden padecer, encontramos tres variantes:
- Celiaquía clásica. La que todos conocemos y provoca algunos de los síntomas digestivos mencionados, apareciendo por lo general en la infancia. Es importante su diagnóstico debido a que los niños o niñas pueden sufrir retraso en el crecimiento a causa de la enfermedad.
- Celiaquía no clásica o atípica. Provoca síntomas que pueden ser confundidos con otros problemas de salud, como la intolerancia a la lactosa, y se manifiesta en la edad adulta. Un retraso en su diagnóstico puede provocar anemia o incluso infertilidad.
- Celiaquía sin síntomas. Algunos pacientes pueden parecer asintomáticos, lo que no quiere decir que su intestino no esté siendo dañado por su sistema inmune. Es el más complicado de diagnosticar, por lo que conviene hacerse pruebas en el caso de que existan familiares que padezcan celiaquía.
En definitiva, para quienes padecen celiaquía, existen consejos y precauciones a seguir por parte de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE) que permiten convivir con la celiaquía:
- Consumir productos libres de gluten, como la fruta, las legumbres, la verdura, la carne o el pescado.
- No tomar alimentos bajos en gluten.
- Tomar precauciones cuando se come fuera de casa y cerciorarse de que los alimentos sean sin gluten y se cocinen de forma aislada.
- Guardar la compra de alimentos sin gluten lejos de los que sí lo tienen para evitar la contaminación cruzada.
Poco más podemos añadir sobre la celiaquía, salvo que cada vez existe mayor concienciación sobre ella.