Microbioma y reflujo: relación a tener en cuenta

71679 (1)

Con la acidez estomacal, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. Este malestar es algo que todo el mundo pasa en algún momento de su existencia sin que se trate de algo grave o problemático, aunque difícil de llevar en determinados momentos, debido a lo pesado y molesto que resulta. Pero en esta ocasión no vamos a hablar de la acidez puntual a causa de una comida copiosa o demasiado pesada; vamos a hablar del reflujo gastroesofágico o ERGE. En este caso no se trata solo de ácido estomacal; está influenciado por la comunidad de microbios que habita en el intestino, es decir, el microbioma.

El microbioma intestinal ayuda a dar forma a la digestión, la inflamación y la función de barrera que tiene el intestino. Cuando ese equilibrio se rompe o varía, se produce disbiosis, lo que puede afectar a cómo el cuerpo maneja los ácidos biliares, las fibras dietéticas y la señalización inmunitaria, factores que pueden contribuir a que se produzcan los síntomas del reflujo, incluyendo la acidez estomacal, la irritación de la garganta y la hinchazón.

Las investigaciones más recientes sugieren que algunos patrones de bacterias intestinales se pueden encontrar vinculados a que exista mayor riesgo de padecer ERGE, promoviendo la inflamación de bajo grado y alterando la permeabilidad intestinal. Estos cambios pueden influir en las rutas existentes del intestino al cerebro y del intestino al sistema inmunitario, lo que puede afectar de forma potencial a la sensibilidad esofágica y la fortaleza de los mecanismos protectores que se ocupan de mantener el contenido del estómago en su lugar. En algunas personas, el microbioma puede influir en la producción de los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) protectores, fundamentales para mantener un entorno intestinal saludable y la regulación de la respuesta inflamatoria.

¿La buena noticia? El apoyo impulsado por el microbioma suele ser modificable. La calidad de la dieta puede favorecer a las bacterias beneficiosas.

Conociendo el ERGE

El reflujo gastroesofágico se encuentra vinculado a la función del esfínter esofágico inferior y a la alimentación. Las investigaciones más recientes sugieren, como nos han comentado en Probactis, donde cuentan con una amplia gama de probióticos y enzimas con las que equilibrar las diferentes microbiotas del cuerpo, que el microbioma intestinal moldea el riesgo de reflujo. Los cambios que se producen en las bacterias del intestino pueden impulsar la inflamación de bajo grado, debilitar la barrera intestinal y alterar la señalización inmune, dando como resultado un ambiente propenso al reflujo. Los microbios producen metabolitos como los ácidos grasos de cadena corta encargados de respaldar la salud de la mucosa. Cuando las bacterias que producen los AGCC disminuyen debido a la poca fibra, la toma de antibióticos o el estrés, los síntomas del reflujo pueden empeorar. La fermentación y la gestión de los gases pueden afectar a la presión estomacal y la hinchazón, influyendo en el reflujo.

La ERGE está asociada con patrones característicos del microbioma, como la reducción de taxa beneficiosos que fermentan la fibra y el aumento de los microorganismos potencialmente inflamatorios. Este desequilibrio puede derivar en un aumento de la permeabilidad intestinal y promover una inflamación crónica de bajo grado, con lo que se ven debilitadas las defensas de la mucosa y se reduce el umbral para la pirosis y el reflujo.

De manera que la disbiosis en el reflujo se caracteriza por una reducción de los taxones que fermentan la fibra y producen AGCC, debilitando la barrera intestinal y favoreciendo una inflamación de bajo grado que sensibiliza el esófago y empeora los síntomas.

Los taxones proinflamatorios que producen gases elevados están vinculados a la inflamación y a una mayor susceptibilidad al reflujo en algunas personas. Además, la disminución de la producción de AGCC reduce la reparación de la mucosa y la regulación inmunológica, lo que aumenta la frecuencia y la intensidad del ardor de estómago y la regurgitación.

Una fermentación microbiana alterada y la gestión de los gases pueden conllevar una elevación de la presión intraabdominal después de las comidas, lo que puede contribuir a que se produzcan episodios de reflujo. Por lo tanto, hacerse las pruebas de microbioma intestinal puede ayudar a realizar los cambios personalizados en la dieta y el estilo de vida, con lo que se puede restaurar el equilibrio microbiano, apoyar la función de la barrera y reducir los síntomas del reflujo. Una dieta rica en fibra respalda a los microbios que producen AGCC y la integridad de la barrera, ayudando igualmente a la reducción de los síntomas.

Los alimentos con probióticos pueden ayudar de manera específica en función de la cepa, por lo que elegir el probiótico adecuado puede ayudar a complementar las medidas estándar para mejorar el reflujo.

Lo que produce el reflujo gastroesofágico

La enfermedad por reflujo implica que parte del contenido del estómago es devuelta al esófago, produciendo una irritación en su revestimiento. Es conveniente diferenciar entre el reflujo ocasional y el ERGE, ya que, como hemos dicho desde el principio, la mayoría de las personas pueden padecer un episodio de reflujo de forma puntual. El proceso puede repetirse de forma continuada, como es el caso del ERGE, y tiene una prevalencia de entre un trece y un veinticinco por ciento en función de la zona. Las probabilidades aumentan en casos como la obesidad, la hernia de hiato o el embarazo. Además de empeorar debido al tabaquismo, al alcohol o los atracones de comida. Hay que tener en cuenta que los casos de reflujo nocturno son los más comunes debido a la relajación de los músculos durante el sueño.

El ERGE se debe a la existencia de un anillo de fibras musculares que separa el esófago del estómago y, si este sistema de protección falla, aparece el reflujo. Es decir, el contenido del estómago se devuelve al esófago y se produce acidez. Esta acidez se traduce en la sensación de ardor en el pecho y la garganta que puede empeorar al tumbarse o agacharse, además de acompañarse de un regusto amargo en la boca.

Algunas de las causas del reflujo son la obesidad, la dieta occidental, el vaciado lento o gastroparesis, el estreñimiento, la hiper o hipoclorhidria, la disbiosis como el SIBO, la infección por Helicobacter pylori, hernia de hiato, alergias alimentarias, reflujo biliar, falta de enzimas digestivas, etc. Durante el embarazo, es muy común padecer reflujo debido al aumento de la presión intraabdominal que se produce a consecuencia del crecimiento del feto y del aumento de la progesterona.

Los síntomas que presenta el ERGE son bastante conocidos y bastante molestos, aunque no está de más recordarlos ya que algunos de ellos no se asocian:

  • Irritación de garganta. Si se acumula durante largo tiempo, puede causar irritación y daños a largo plazo.
  • Dolor en el pecho. Es común sentir cierto dolor en la zona superior del pecho a causa de la irritación.
  • Es normal sentir náuseas tras la comida a consecuencia del reflujo.
  • Mucosidad en la garganta. En ocasiones puede activar reacciones inmunes que provocan la aparición de mucosidad.
  • Sensación de tener algo en la garganta al tragar o respirar.
  • Reflujo con sangre, debido a la irritación o daños más severos que pueden derivar en heridas sangrantes, por lo que es indispensable consultar al médico.

Estos eran los síntomas de la garganta; en cuanto a los estomacales, son dos:

  • Ardor de estómago continuo, en los casos más persistentes.
  • Nudo en la boca del estómago, debido a los cambios en el esfínter y su irritación.

A nivel respiratorio, se puede sentir dolor en el pecho, como ya hemos comentado, pudiendo afectar a la respiración y a la tos, sobre todo en los episodios nocturnos.

De no tratarse y prolongarse en el tiempo, el reflujo gastroesofágico puede llevar a complicaciones y síntomas a largo plazo, más allá de los citados, como la acidez de estómago o de boca, conocida como pirosis, o la inflamación del esófago. En lo que concierne a la respiración, la tos ocasional se puede convertir en tos o ronquera crónica, provocar broncoespasmos y empeorar la capacidad respiratoria de los pacientes de asma.

La irritación continua en el esófago no debe dejarse pasar, ya que puede generar problemas irreversibles y empeorar la calidad de vida. Los cambios de acidez y la irritación en el esófago pueden cambiar su revestimiento, aumentando el riesgo de cáncer de esófago de Barrett. También puede provocar estenosis y daños dentales.

Aparte de los tratamientos médicos a los que se puede optar, se ha observado que el uso de probióticos ayuda en el tratamiento de los síntomas y mejora la calidad de vida de las personas que padecen reflujo. Los productos ricos en Lactobacillus son capaces de regular la población bacteriana, propiciando la producción de pepsinógeno, con lo que se regula el pH del esófago y se reduce el daño que el reflujo causa al esófago. Esto reduce la severidad y los efectos mencionados, por lo que añadirlos al tratamiento médico correspondiente y un cambio en la dieta pueden ayudar a que mejore el reflujo y los síntomas desaparezcan o sean más leves.

En definitiva, los probióticos pueden ser una excelente manera de ayudar a minimizar el impacto del reflujo siendo parte de la solución.

Publicaciones tendencias

Comparte este post con tus amigos

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.