Cada vez más personas prefieren pagar más por carne de calidad

carne de calidad

Yo no como cerdo ni ternera por razones morales, solo tomo pollo, pero mi entorno no es así: prefiere pagar 20 o 30€ más en una cena por carne de buena calidad que ir a un Burguer King, les salga barato y no disfruten de su hamburguesa.

Lo curioso es que cada vez más personas son así.

 

Por qué tanta gente está dispuesta a gastar más

La gente ya no quiere encontrarse con esa carne que parece hecha de goma o de cartón, o esa que pierde agua como si fuera una esponja. Prefieren pagar un poco más y disfrutar. Además, cada vez hay más información al alcance de todos, y eso nos ayuda mucho a decidir.

En los últimos años, varios estudios han mostrado un aumento del interés por productos con certificaciones fiables. En algunos países europeos, se estima que alrededor de un 60% de consumidores prefiere pagar más si saben de dónde viene, bajo qué condiciones se ha criado el animal y qué controles ha pasado.

Creo que también influye la experiencia. Cualquiera que haya comido un filete barato que parecía hecho con restos prensados sabe de lo que hablo. Después de eso, muchos prefieren pagar más, y es normal. Cuando vas a un sitio donde se nota el cuidado que ponen en la cocina, te quedas con ganas de repetir. Y si lo comparas con un restaurante donde te sirven algo mediocre, te preguntas por qué has estado yendo tantos años ahí.

Como he comentado, ahora la gente se fija más en la procedencia. No buscan solo “carne buena”, sino carne de un sitio concreto. Y aunque yo no la coma, hay quien lo vive. Y aunque yo esté en mi esquina con mi pollo, entiendo perfectamente esa lógica.

 

Carne de calidad VS carne de mala calidad

Unos dicen que la carne barata puede ser buena, si la cocinas bien. Otros, dicen que da igual cómo la cocines, que si es mala se nota desde el primer bocado. Yo, aun sin comerla, me he convertido en árbitra sin pretenderlo.

Para empezar, la diferencia suele verse en el color, el olor y la textura. Lo gracioso es que, aunque esto parece básico, mucha gente no se fija. Mis amigos mismos me han traído bandejas del supermercado pensando que estaban comprando algo de gama alta solo porque el envase tenía un diseño bueno, pero luego lo cocinan y se llevan la sorpresa. Hay estadísticas que señalan que un porcentaje muy alto de compradores —cerca del 70% según varias encuestas— se guía por la apariencia del envase y no por los datos reales de la etiqueta.

La carne de calidad suele tener menos agua, un color estable y un corte uniforme. Además, quienes sí la consumen dicen que el sabor y la textura son muy diferentes. Por otro lado, la carne de mala calidad suele perder mucho volumen al cocinarla, suelta agua, y a veces tiene un olor raro incluso antes de ponerla en la sartén. Esas cosas generan desconfianza, y cuando las pruebas varias veces, acabas sumándote al grupo de “pago más y listo”.

También hay un aspecto que casi nadie menciona pero se nota: la experiencia emocional. Es algo lógico, si lo piensas. Cuando vas a un restaurante y te sirven algo bueno, te quedas contento, incluso repites. Cuando te sirven algo barato que sabe a cualquier cosa menos a carne, te fastidia. Y después de varias decepciones, la gente decide cambiar.

 

Cómo identificar la carne de calidad para que no te engañen

Aquí es donde la cosa se complica para la mayoría. Incluso mis amigos, que comen carne cada semana, a veces se lían con las etiquetas. Yo misma, que no la consumo salvo ocasiones muy puntuales, he aprendido a mirar ciertos detalles por estar harta de elegir carnes que dicen ser de buena calidad, pero que no es así.

Lo primero es revisar la información de la bandeja. Muchas personas se quedan solo con el color o con el precio, pero los datos importantes están en la parte trasera. Ahí viene el origen, el tipo de corte y los controles que ha pasado. Aunque no comas carne, es fácil entender esa información si alguien te explica lo básico. Además, hay certificaciones de bienestar animal o de métodos de cría que suelen acompañar a los productos de más calidad.

También es importante fijarse en el olor cuando se abre el envase. Si huele fuerte o raro, por muy “premium” que parezca, algo no está bien. Y aunque suene obvio, más de una vez he visto a gente convencida de que ese olor extraño es normal. No, no lo es.

Otra señal es el precio, aunque no siempre. Pero sí es verdad que ciertos precios extremadamente bajos suelen indicar algo. A veces no es que sea mala, pero sí que ha pasado por procesos que afectan al sabor. Y esto se nota muchísimo cuando comparas dos piezas.

Por último, y aunque parezca obvio no lo es, nadie debería fiarse solo de la apariencia. La carne puede tener un color bonito gracias a procesos de envasado. Así que no basta con que se vea “roja”. Si lo poensas, es como cuando eliges fruta: si solo miras el color, te llevas sorpresas.

En cualquier caso, aunque yo no coma cerdo ni ternera, entiendo que quien sí lo hace quiera saber qué está comprando. Y como siempre termino acompañando a alguien al super, al final he aprendido a detectar cosas que antes ni habría mirado.

 

Por qué el gusto por la calidad ha aumentado tanto

Creo que la razón principal es que todos queremos sentir que tomamos buenas decisiones. Antes era normal comprar lo más barato sin pensar demasiado, pero ahora la gente revisa, compara, pregunta, busca opiniones y mira videos. Se ha vuelto habitual que la gente dedique varios minutos a elegir una bandeja concreta mientras piensa si le compensará o no.

Otro factor es que muchas personas han probado carne de más calidad en algún restaurante y luego han querido buscar esa misma experiencia en casa. Una comida buena puede cambiar por completo la percepción de alguien. De repente, lo que antes parecía un lujo se convierte en algo normal. Y ya no quieren volver atrás. La diferencia en sabor es clara y la gente quiere repetirla.

También noto que hay más preocupación por lo que comemos. Aunque yo tenga mis propias razones para no tomar ciertos tipos de carne, entiendo perfectamente que quien la consuma quiera que venga de un lugar en condiciones y que no genere dudas. Y si eso implica pagar un poco más, mucha gente lo ve como una inversión en tranquilidad.

Además, cocinar se ha puesto otra vez de moda. Y, cuando cocinas, te interesa tener productos buenos porque marca la diferencia. Por eso mismo también ha aumentado la curiosidad por aprender a distinguir calidades y tipos de corte.

 

Un truco práctico que siempre viene bien

Desde Westend-restaurant, un restaurante que ofrece carne de muy buena calidad, opinan que mucha gente se complica más de lo necesario cuando tiene que elegir entre varias opciones.

Según ellos, cuando dudes entre dos carnes, lo primero que deberías hacer es preguntar por la procedencia y el tipo de corte. Si no pueden darte esa información o empiezan a dudar, lo más sensato es escoger otra cosa.

Su idea es que, si un producto es realmente bueno, siempre se sabe de dónde viene y qué lo hace especial. Es una forma simple de elegir con más seguridad y también una manera de evitar decepciones que luego terminan arruinando la comida sin necesidad.

 

Piensa que cuidar lo que comemos también forma parte de cuidarnos

Después de escuchar tantas opiniones, leer tantos datos y pasar tantas horas buscando restaurantes donde mis amigos puedan comer algo que ellos consideren bueno, me he dado cuenta de que este cambio tiene algo positivo: la gente piensa más en lo que come. Y eso me parece sano, incluso aunque yo tenga mis propias preferencias personales.

Pagar más por carne de calidad no es obligatorio, nin mucho menos, pero entiendo por qué lo hacen. Quieren evitar sorpresas, disfrutar más y tener la seguridad de que lo que comen está bien. Y si ese pequeño cambio hace que la gente se sienta mejor consigo misma, tampoco lo veo mal. Al final, cada uno elige qué comer y por qué, y lo importante es hacerlo con criterio.

Si algo saco claro de todas estas conversaciones es que informarse merece la pena. No hace falta ser experto. Basta con prestar atención y no dejarse llevar por lo primero que se ve. Y aunque yo siga fiel a mi pollo, entiendo perfectamente a quien busca lo mejor dentro de sus gustos.

A veces dedicamos mucho tiempo a cosas que no importan tanto y muy poco a lo que ponemos en nuestro plato. Quizá por eso este tema se ha vuelto tan común, porque nos recuerda que las decisiones pequeñas también importan. Y si encima nos permiten disfrutar más de una comida, pues mejor todavía.

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